SIN JUSTICIA EN VERACRUZ

Javier Valdez

Houston Chronicle

14 junio, 2017

de Katherine Corcoran

 

En medio de las acusaciones e insultos que el Presidente Trump lanza contra los medios estadounidenses, es fácil ignorar que en México tiene lugar una guerra frontal contra a prensa.

 

En la primera mitad del año han sido asesinados seis periodistas en varios estados mexicanos. Y en Michoacán, al oeste del país, hay otro desaparecido.

 

El caso más descarado de todos pasó en mayo en el estado de Sinaloa. El periodista y escritor Javier Valdez Cárdenas, conocido por sus investigaciones sobre narcotráfico, fue asesinado. Varios hombres armados detuvieron el coche en que viajaba y le dispararon a pocos metros de las oficinas de Riodoce, el semanario en el que trabajaba y que había contribuido a fundar en 2003. Fue en Sinaloa donde nació el cartel más poderoso del país, dirigido por Joaquín “El Chapo” Guzmán que hoy espera juicio en Estados Unidos.

 

Como periodista que ha trabajado nueve años en México, fui testigo directa de esa guerra. Siempre nos preocupábamos por la seguridad. Pero la prensa internacional, en general ha salido bien parada. Quienes viven bajo amenazas y acoso son los reporteros locales. Valdez tenía un perfil muy alto y era reconocido fuera de México. Por su valor y su negativa al silencio, había ganado premios otorgados por la Universidad de Columbia (Maria Moors Cabot) y del Comité Internacional para la Protección de Periodistas.

 

Su asesinato envió el mensaje de que nadie está seguro en México. Valdez no se hacía ilusiones al respecto. Cuando le entrevisté el otoño anterior a su muerte sobre su último libro “Narcoperiodismo” me dijo que no necesitaba que nadie le recordara que su trabajo podía costarle la vida. “Tengo que aprender en cada historia hasta donde no debo pasar, que información no debo publicar … se que si me paso de la raya, me van a matar …”

 

México es una democracia. No es un país en guerra. Al menos no oficialmente. Pero, según el Centro para la Protección de Periodistas, ocupa el noveno lugar en la lista del periodistas asesinados desde 1992, por delante de Afganistán, Ruanda, Israel y el territorio palestino ocupado. Con arreglo a las cifras de los últimos cinco años México es el primero de la lista número de asesinatos relacionados con el desempeño de la profesión o investigados por esa posibilidad. Por delante incluso de Siria e Irak.

 

La violencia generalizada de los cárteles que asola al país en su conjunto es un factor que hay que tener en cuenta. Pero hay otra cifras que muchas veces pasa desapercibida: Casi el 40% de los ataques contra periodistas en México son perpetrados por algún actor estatal, miembros del gobierno, el ejército o la policía y la fuente de estos datos es el propio gobierno.

 

En el estado de Veracruz esa cifra asciende al 81%. Allí es donde han sucedido la mitad de los asesinatos de periodistas mexicanos de los últimos cinco años, incluido un homicidio y dos intentos sólo en la primavera de este año. En México, el territorio más peligroso para los periodistas es aquel donde se cruzan los intereses del gobierno y los de los narcotraficantes. La reportera Miroslava Breach fue asesinada el 23 de marzo en la ciudad norteña de Chihuahua. Recibió ocho disparos cuando salía de su casa junto a uno de sus hijos. Tres semanas antes había publicado un artículo sobre los vínculos entre candidatos a alcalde y el crimen organizado.

 

Veracruz sufrió un repunte en los asesinatos, las amenazas y el clima de intimidación durante el mandato del exgobernador Javier Duarte que, cuando se acercaba el final de su sexenio en 2016, escapó del país para no enfrentarse a las acusaciones de crimen organizado y lavado de dinero que caían contra él. (Fue capturado en Guatemala y extraditado de vuelta a México) Los ataques contra la prensa en Veracruz terminaron con casi toda la cobertura crítica y garantizaron –esa es la acusación- que Duarte pudiera robar decenas de millones de dólares de las arcas del estado.

 

Javier Valdez comenzó a sentirse incómodo y a preocuparse muy en serio por su seguridad en Marzo, después de que Riodoce publicara sobre vínculos entre política y narco y alguien hiciera desaparecer las copias. Carlos Lauría, del Centro para la Protección de Periodistas publicó en The New York Times que Valdez le había dicho que lo que estaba pasando “era diferente”.

 

Como todo crimen en México, la mayor parte de los asesinatos de periodistas nunca recibe castigo. Sólo dos de los 38 denunciados en los últimos años han terminado con una condena. La mayor parte ni siquiera llegan a ser investigados. Es algo que tiene sentido si se tiene en cuenta que quien debería investigar estos casos es muchas veces el mismo a quien se acusa de estar involucrado.

 

Los estadounidenses, para quienes la prensa libre es algo que se da por hecho, pueden no reconocer los riesgos de un gobierno que utiliza los medios a su alcance para deslegitimar y tratar de suprimir a quienes controlan su actuación desde los medios de comunicación. Pero esos gritos de Trump acusando a la prensa de transmitir “noticias falsas” (en español hay una palabra específica: paparruchas) y de ser “enemigos del pueblo” nos ofrecen una posibilidad para reconsiderar las consecuencias de permitir que esa violencia verbal se salga de control. Nunca me atrevería a decir que la situación en Estados Unidos es similar ni cercana a la que se vive en México. Pero hay que estar atentos.

 

México nos recuerda también lo que puede suceder si nos relajamos en lo que atañe a nuestra propia libertad de expresión. Después de que Trump hiciera el comentario sobre los “enemigos del pueblo”, John Dickerson, un presentador del canal CBS le preguntó a Reince Priebus qué les diría a quienes apoyan a Trump una vez que se sabe que en ocasiones en sus actos públicos “¿alguien podría tomarse licencias cuando el Presidente es quien dice que la prensa es la enemiga y actuar con arreglo a esa declaración?”.

Priebus dijo que “con toda seguridad nunca estaremos de acuerdo con ningún tipo de violencia”. Pero estremece pensar que el concepto de la violencia contra la prensa se haya manejado.

 

Tampoco me tomo a la ligera que haya partidarios de Trump que llevan camisetas con frases como “Cuerda. Árbol. Periodista. Hay que reunirse”. Puede que algunos no se lo tomen en serio. Pero teniendo en cuenta lo sucedido en México y la cantidad de periodistas asesinados y atacados, sé hasta donde pueden llegar esas cosas.

 

Haga clic para ver el video de Katherine Corcoran entrevistando a Javier Valdez.

English

Haga clic para ver el video de Katherine Corcoran entrevistando a Javier Valdez.